sábado, 2 de febrero de 2008

LOS DISCAPACITADOS EN LA IGLESIA.



Movidos a Misericordia
Capítulo V
"Ve pronto por las plazas
y las calles de la ciudad,
y trae acá a los pobres,
los mancos, los cojos y los ciegos"
San Lucas 14:21

Esas personas que diariamente pasan a su lado en silla de ruedas o que van con un bastón blanco atravesando la calle; aquellos que conversan por medio de señas y emiten algunos sonidos guturales o esos de mirada extraviada y que parecen ser de una inteligencia inferior, son seres humanos, hasta pueden ser hermanos en Cristo y tienen algo que enseñarnos, quizás más de lo que usted piensa.
En muchas culturas de la Antigüedad se les eliminaba al nacer imperfectos. Aquellas sociedades, como hoy día, valoraban el cuerpo más que el alma y preferían destruir al bebé o al niño que era ciego, sordo o con alguna tara. Actualmente el rechazo actúa solapadamente; no se elimina al discapacitado pero sí se le segrega, se le aparta del grupo como algo raro. A lo más despierta nuestra conmiseración, que nada tiene que ver con el amor misericordioso de Dios y del verdadero samaritano, un amor nacido del Espíritu Santo y que implica empatía con el que sufre. Empatía (del griego empatheia, afecto, conmoción) es la penetración en los sentimientos de otra persona; la acción y capacidad de imaginar la emoción sentida por otro.

UNA CIVILIZACIÓN CRISTIANIZADA
Se dice que la humanidad ha vivido sucesivamente tres etapas en su manera de afrontar la discapacidad. Una primera condición sería aquella que rechaza al sujeto, lo cual determina su eliminación, la segregación de la sociedad o bien el considerarle como algo muy especial y ubicarlo en un lugar de privilegio. Algunos pueblos primitivos consideran los ataques de epilepsia, por ejemplo, como signo de la presencia de poderes sobrenaturales y elección de esa persona por los dioses para ejercer como brujo de la tribu.

Con el advenimiento del cristianismo y la predicación del Evangelio surgió una nueva forma de enfrentar la discapacidad. La sociedad y especialmente la Iglesia asumieron la protección de estas. Los primeros intentos de una educación y rehabilitación de los ciegos y los sordos, se llevaron a cabo entre los religiosos de la Edad Media. Paulatinamente, al ser educados y aprender ciertos oficios, los propios discapacitados reclamaron su justa aceptación e integración en la sociedad.
Hoy por hoy hemos comprendido que las personas con algún impedimento tienen todo el derecho a vivir en sociedad y es nuestro deber aceptarles, integrarles y crear formas que permitan su incorporación plena a la vida familiar, social y laboral. No sólo están los argumentos sociológicos, psicológicos y pedagógicos, sino también fuertes verdades bíblicas apoyan esta tesis.

Sin embargo aún muchos no se dan cuenta que lo justo es la aceptación e integración de ellos como personas normales, con los mismos deberes y derechos que el resto de los individuos de la sociedad. Dios creó un solo mundo para ser disfrutado por el hombre, como dice aquella canción popular "¿Para qué vivir tan separados si la tierra nos quiere juntar? Este mundo es uno y para todos..." En la Biblia, Job asegura acerca de la discriminación que Dios "os reprochará de seguro, si solapadamente hacéis acepción de personas" (Job 13:10).

LA PEDAGOGÍA DEL DOLOR
Dios ha permitido esta evolución en el pensamiento para que comprendamos que todo ser humano es creado por Él y merece la vida y el respeto de todos. Aún más, que la discapacidad no es una maldición sino una bendición de Dios. Quizás la sociedad humanista no vislumbre estas verdades espirituales y sólo vea en esto un asunto de igualdad, de justicia y de derechos humanos, pero la Iglesia, poseedora del depósito de la fe, valora profundamente esta enseñanza a la luz de las Escrituras, sabe que el dolor tiene un sentido didáctico y generador de vida espiritual. "De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto" (San Juan 12:24).

Un amigo ciego me decía hace poco: "Parece una paradoja, pero todo lo que he aprendido lo he aprendido de la ceguera". No sólo los discapacitados pueden aprender de su impedimento, sino que los que les rodeamos tenemos mucho que aprender de ellos. Así es que la discapacidad es una herramienta de Dios para nuestro perfeccionamiento espiritual.

Tal vez la sociedad siga en el futuro otros derroteros, no acordes con la ética cristiana en el tratamiento de la vida. Podría optar por la eliminación de embriones humanos imperfectos o por la intervención genética previa al nacimiento y la clonación de hombres y mujeres sin defecto físico. El ser humano siempre se ha empecinado por hacer un paraíso en la tierra, a su modo, despreciando las verdades del Reino de Dios. Pero los cristianos valoramos lo que el Señor de la Vida quiere mostrarnos en el dolor. El cristianismo lo mitiga, restaña las heridas, pero no pretende negarlo ni eliminarlo de la tierra; como Jesús dijo "Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros..." (San Juan 12:8ª).

UNA INVITACIÓN MUY ESPECIAL
Sabemos que hay un reino de tinieblas antivalórico que está en lucha contra el reino de la luz y sus principios, un gobierno espiritual de maldad que quiere avasallarnos y se burla de los valores cristianos; pero estamos ciertos que nuestra batalla permanente en el mundo, por sobre la instauración de pautas justas en la sociedad, es salvar la vida de personas para Jesucristo.

Por eso Jesús en su Parábola De La Gran Cena nos habla de salir a los caminos y traer a los pobres y discapacitados, a los que son carentes de una posición privilegiada, carentes de ojos, oídos, piernas o salud e invitarles al gran banquete del Evangelio.

"Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.
Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.
Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena."
(San Lucas 14:16-24)

Dice la narración simbólica de Jesús - porque siempre una parábola es una metáfora de una realidad espiritual - que un hombre hizo una cena y convidó a gran cantidad de personas. Destaca la generosidad de este hombre que desea compartir con mucha gente aquella cena. Toda cena se realiza en la noche y en medio de las tinieblas este hombre ilumina su casa y prepara una gran fiesta pues cuando alguien invita a cenar por lo general es para celebrar. La misma cena pascual judía es una celebración, la última cena de Jesús con sus discípulos fue una celebración muy especial en que se anunció el cumplimiento de la profecía de Jeremías 31:33. Nuestra actual Santa Cena o Eucaristía también es una fiesta en que recordamos y celebramos nuestra liberación del reino de tinieblas, así como los judíos celebraban su liberación de Egipto. Pero la misma venida de Jesucristo fue una gran celebración, una mesa puesta con los más ricos manjares espirituales para todo el que quisiere comer. Pensemos nada más en el Sermón del Monte.

El Padre invita a toda la humanidad a cenar, a comer el Pan de la Palabra, a degustar de su amor y sabiduría, de su misericordia y su justicia encarnados en la persona del Hijo de Dios, la Palabra Viva, el Pan del Cielo. Desde el comienzo de la Historia, Dios nos ha invitado a celebrar. Primero fabricó un paraíso para que viviésemos felices. Cuando fallamos nos enseñó distintas fiestas para recordarnos sus grandes actos de justicia y sus promesas: fiesta de la Pascua, de los Panes sin Levadura, de las Primicias, Pentecostés, de las Trompetas, Día de la Expiación y de los Tabernáculos. Ahora nos invita otra vez a su banquete y envía a su siervo Jesucristo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado.

Como en toda fiesta bien organizada, primero el anfitrión envía invitaciones casi siempre escritas, equivalente a las profecías que anunciaban aquel tiempo en que vendría la salvación a Israel. Luego Dios Padre envió a su Hijo a invitar personalmente a cada uno de nosotros.

Cuenta la parábola que todos comenzaron a excusarse. Es curioso que siempre el ser humano encuentra excusas para no escuchar, seguir, obedecer o creer a Dios, sin embargo Él nunca se excusa cuando le invocamos, no importando la magnitud de nuestro pecado. "Si los cielos se cerraren y no hubiere lluvias, por haber pecado contra ti, si oraren a ti hacia este lugar, y confesaren tu nombre, y se convirtieren de sus pecados, cuando los afligieres, tú los oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, y les enseñarás el buen camino para que anden en él, y darás lluvia sobre tu tierra, que diste por heredad a tu pueblo" (2 Crónicas 6:26-27).

Las excusas de estas personas fueron negocios importantes ("He comprado una hacienda"), gran cantidad de trabajo ("He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos"), asuntos familiares y sentimentales ("Acabo de casarme"). Su respuesta fue no puedo ir cuando en realidad no querían ir, la motivación por sus propias cosas era mucho más fuerte que su motivación por el Reino de Dios.

LOS MANCOS, LOS COJOS, LOS CIEGOS...
Es muy interesante el giro que da esta historia al regreso del siervo. Enojado el padre de familia le ordena que vaya por toda la ciudad y traiga a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Es indudable que tales personas son lo contrario de los primeros llamados. Aquellos se consideraban satisfechos y no requerían de una cena para saciarse, no tenían nada que celebrar y más importante para ellos eran sus propios negocios e intereses. Si bien es cierto respondieron con mucha caballerosidad y gentileza, no tenían el menor interés en lo que Dios les ofrecía. Ellos no estaban cojos, ni mancos, ni ciegos, ni sordos y tampoco eran pobres.

¿Está el Evangelio hablando de discapacitados físicos o espirituales? En el bien entendido que es un relato alegórico, Jesús está representando al alma humana y su miseria. Y no hay mayor miseria que la vanidad y el orgullo que nos hace pensar que no necesitamos de Dios. Por eso es que en Apocalipsis dice "Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo" (Apocalipsis 3:17). Creemos que somos sanos y normales, pero en realidad a veces somos más ciegos a las verdades espirituales y nuestra condición y más sordos a su Palabra que un discapacitado. Un líder nos hacía ver hace tiempo que nuestras mentes y espíritus, desde el punto de vista de Dios, semejan verdaderos monstruos, porque nos mal desarrollamos con muchas carencias y desequilibrios.

Repito: ¿Está el Evangelio hablando de discapacitados físicos o espirituales? Creo que de ambos. Finalmente los que gustarán su cena serán aquellos que reconocen su necesidad espiritual y no los orgullosos. No pensemos que nada más está hablando en sentido figurado de quienes carecen de oídos y ojos espirituales, o los que están en una situación de deprivación espiritual o religiosa. Además está hablando de los verdaderos ciegos, sordos y cojos que a diario vemos circular por las calles de nuestra ciudad o aquellos que están relegados en las casas o que viven su discapacidad en una institución.

LA LECCIÓN DE NUESTROS HERMANOS DISCAPACITADOS
Sí, querido hermano, Dios ha invitado a todos los discapacitados físicos a su Iglesia para que los que estamos espiritualmente discapacitados aprendamos una gran lección, una enseñanza que podremos extraer sólo con el diario compartir con estos hermanos.

Es mucho lo que podemos aprender de ellos. No sólo servirlos sino también copiar aquellas actitudes y formas de resolver los problemas que ellos tienen. El discapacitado no es sólo una persona que nos incita al servicio o a la misericordia, sino también nos desafía a enfrentar de una manera distinta la vida. Son instrumentos de Dios para nuestro crecimiento espiritual.

A continuación trazamos apenas un esbozo de todas las riquezas espirituales que podemos encontrar en el trato con ellos.

Aceptación de su déficit. (1 Tesalonicenses 5:18) Los discapacitados llegan a tener una aceptación tal de su déficit que lo incorporan a sus vidas casi como una cualidad, o sea una característica que les ayuda a ser mejores. Así el sordo dice tener una mejor percepción de su entorno y las personas, ya que puede captar, desde su silencio, aquello que nosotros en nuestro bullicio no distinguimos. Igualmente el ciego es un excelente psicólogo ya que percibe las inflexiones de nuestra voz, esa área que no ocultamos, puesto que siempre estamos más preocupados de la imagen que entregamos. Cabe preguntarse al respecto: ¿Acepta usted todas las carencias que la vida le otorga? ¿Se conforma con la personalidad que Dios le ha dado o siempre esté descontento?

Tesón, espíritu de superación. (Filipenses 3:12-16) Un discapacitado jamás se "echa a morir" ante las dificultades; tiene unas ganas de seguir viviendo que todo lo enfrenta con valentía. Una escala de tres pisos, un ascensor estrecho, una barrera arquitectónica más en nuestras poco normalizadas ciudades, no son obstáculo en el ánimo de quien va en silla de ruedas o tiene una parálisis cerebral. ¡Cuánto necesitamos los cristianos de ese ánimo para dar la lucha diaria y ministerial! ¿Se da usted por vencido al primer obstáculo? ¿Desea inmediatamente morir para estar con Dios y evitar tanta prueba y duro trato de Él?

Alegría de vivir. (Filipenses 4:4) Victoria sobre el fatalismo decía años atrás la portada de una conocida revista internacional. Esa es la actitud de la mayoría de los deficitarios de este mundo y qué gran lección de buen humor nos dan a los neuróticos habitantes del planeta. Descubrir que la vida puede vivirse con carencias y seguir sonriendo y estar felices de estudiar, trabajar y amar, es maravilloso, un verdadero don de Dios. Y usted ¿Está siempre alegre, aunque las cosas no vayan bien? ¿Es su idioma la "alabanza" o más abunda en la queja?

Paciencia. (1 Corintios 13:4 ) Paciencia para aprender otra vez a caminar, a vestirse y desvestirse, a encender el fuego y preparar unos huevos en la cocina, sin volcarlos; paciencia para aprender a leer y a escribir de nuevo, con una musculatura manual que no siempre te responde o tactando a ciegas unos puntitos diminutos en relieve; en fin paciencia para las múltiples tareas que implican, por más simples que parezcan, un desafío enorme para los impedidos. Pregunto: ¿Es paciente usted consigo mismo cuando no logra aprender rápidamente? ¿Deja a un lado pronto lo que no le resulta?

Espíritu de grupo o cuerpo. (Romanos 16:3-4) Unidad, solidaridad. Siempre el discapacitado busca al que es similar o parecido a él, al que sufre su misma condición. ¿Solidariza usted con otros que tienen sus mismos problemas o prefiere beber sus propias lágrimas y amargarse solo?

Esperanza de un mundo mejor y de justicia social para ellos. (Romanos 4:18) Como dice la canción "Puedo confiar en el Señor que no va a fallar; si el sol llegara a oscurecer y no brille más, yo igual confío en el Señor que no fallará" ellos lo viven, contrariamente a muchos cristianos que desfallecemos pensando que jamás lograremos el objetivo y el domingo cantamos con mucha unción esta hermosa alabanza. Los discapacitados no dejan de luchar por su propósito social de lograr la plena inserción en la sociedad y se esmeran en esto. Martin Luther King, el gran líder de la integración racial, decía: "Para empezar, nos toca ser el buen samaritano para aquellos que han caído en el camino. Esto, sin embargo, no es más que un comienzo, pues algún día tendremos que reconocer, a la fuerza, que el camino a Jericó debe ser hecho de otra manera para que los hombres y mujeres ya no sigan siendo golpeados y despojados continuamente mientras van caminando por los senderos de la vida" ¿Cree usted que finalmente logrará sus ideales o es más bien desesperanzado y sólo cree que en el cielo obtendrá lo que busca?

Los sordos, los ciegos, los paralíticos, etc. son personas como todas, con cualidades y defectos, seres humanos que en un momento de sus vidas perdieron un órgano vital y han tenido que replantearse física, psicológica y espiritualmente para seguir viviendo.

LA IGLESIA INTEGRADORA
La Iglesia debe integrarlos plenamente pues también son herederos del sacerdocio universal de los cristianos. El Antiguo Pacto les prohibía ser sacerdotes (Levítico 21:16-24), pero hoy Cristo les ha redimido y pueden ejercer como pastores, maestros de escuela dominical, evangelistas, diáconos, etc., si no tienen sus facultades mentales perturbadas. Los hermanos deficientes mentales podrán integrarse en la alabanza y la oración y, dependiendo de su coeficiente de inteligencia, leer textos breves. Por supuesto que hay límites propios de cada discapacidad, pero el espíritu debe ser siempre de apertura a su integración plena en la Iglesia. Como comunidad cristiana deberíamos dar el ejemplo de la integración de los discapacitados.

Un hermano dueño de una industria o pequeña empresa, por ejemplo, debiera estar más llano a contratar hermanos con discapacidad en su empresa. Las instituciones cristianas deberían tener funcionarios cristianos ciegos, sordos y/o en sillas de ruedas.

Guardo el triste recuerdo de un pastor que rechazó un Nuevo Testamento en Braille, por desconfianza. No entendió nuestro ministerio y lo importante que toda iglesia disponga de Biblias en Sistema Braille y en grabaciones para los hermanos ciegos. Por lo menos un himnario debiera estar en Braille; debiera haber traductores al lenguaje de señas de modo que cuando se escucha el sermón, las personas sordas lo estuviesen recibiendo en su código dactilológico. Los templos y las instituciones cristianas deberían favorecer el ingreso a los discapacitados mediante rampas para sillas de ruedas, aspecto que los arquitectos cristianos o quienes planifican la construcción de un templo o edificio de la iglesia, debieran considerar.

En futuras páginas estaremos entregando consejos prácticos para la integración del discapacitado en las actividades de la iglesia, como la Escuela Dominical, la lectura bíblica, el teatro cristiano, la alabanza, la predicación, la participación del discapacitado en la evangelización, algunos métodos de evangelización de discapacitados y el desarrollo de ministerios especiales. Todo esto bajo la perspectiva de la integración de los discapacitados a la vida normal de la Iglesia, evitando toda segregación y teniendo muy en cuenta el principio de empatía o ponerse en el lugar de la persona discapacitada.

CÓMO AYUDAR AL QUE ES DIFERENTE
A continuación le sugerimos algunas conductas para cuando se relacione con personas con discapacidad.

SI VA EN SILLA DE RUEDAS
Pídale que le explique qué puede hacer.
Ponga cuidado al ayudarle a bajar las aceras o veredas.
No tome la silla de los brazos, puede romperla.
Al hablar siéntese si es posible.

SI TIENE PARÁLISIS CEREBRAL
Sea amable, sonría.
Recuerde que es inteligente y muy sensible.
No le haga ir de prisa.
Ajuste su paso a la persona.
Si no entiende lo que dice, no dude en hacérselo repetir. Él sí le entiende perfectamente.
Tenga mucha paciencia.

SI ES CIEGO
Ofrézcale su ayuda si ve que vacila o bien si usted ve algún obstáculo.
Dígale su nombre enseguida, identifíquese y no juegue a las adivinanzas con él. Esto es muy molesto.
Ofrézcale su brazo, no lo tome de el suyo.
Recuerde que siempre requiere orientaciones espaciales.

SI ES SORDO
Colóquese delante de él con el rostro bien iluminado.
Hable lento, con claridad, utilizando palabras sencillas y fáciles de leer en sus labios.
Sea sencillo al utilizar gestos.
En caso de dificultad, escriba lo que quiere decir.

SI ES PACIENTE PSIQUIÁTRICO
Sea amigable y hable con él.
Acepte la situación y muestre interés.
Otórguese un tiempo para escuchar lo que dice.
Trátele con respeto. Háblele lento y claramente.
Inclúyalo en lo que usted está haciendo.

SI TIENE DISCAPACIDAD MENTAL
No tenga miedo de él ni se burle. Respételo.
No hable de su limitación delante de él o ella. Entiende más cosas de las que usted cree.
Tenga paciencia, sus reacciones pueden ser lentas.

No requerimos normativas ni un código eclesiástico para integrar a nuestros hermanos discapacitados. Tan sólo el amor derramado por el Espíritu Santo en nuestros corazones y el don de la inteligencia que Él nos ha dado. Si el mundo no se pone de acuerdo y aún no lo hace, demostraremos los cristianos que nosotros sí podemos lograrlo y no por una orden o decreto gubernamental, sino porque el Amor de Cristo nos constriñe a servir y amar a nuestros hermanos.

Demostraremos que la Iglesia ha solucionado la problemática de la discapacidad pues ella está llamada a dar ejemplo a los no- creyentes de verdadero amor al prójimo. "Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová" (Isaías 2:3).
Los cristianos podemos dar pautas a la sociedad de cómo tratar a sus miembros discapacitados, porque somos, como dice el apóstol Pedro, "linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable".

PARA TRABAJAR EN EL MESÓN.
1) Inicie una lista de personas discapacitadas de su iglesia, barrio, familia y trabajo.
2) Comience a orar por esas personas, pidiendo a Dios le de la oportunidad de ayudarles.
3) Únase a otros hermanos en este trabajo de buenos samaritanos.

sábado, 14 de abril de 2007

PAZ A LOS DISCAPACITADOS


Capítulo IV de "Movidos a Misericordia"
© Pastor Iván Tapia

"Él les respondió: Paz a vosotros, no temáis;
vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os dio el tesoro
en vuestros costales; yo recibí vuestro dinero"
Génesis 43:23



Dice este segundo texto en que nos sale otra vez al camino la palabra mesón: "Y se acercaron al mayordomo de la casa de José, y le hablaron a la entrada de la casa. Y dijeron: Ay, señor nuestro, nosotros en realidad de verdad descendimos al principio a comprar alimentos. Y aconteció que cuando llegamos al mesón y abrimos nuestros costales, he aquí el dinero de cada uno estaba en la boca de su costal, nuestro dinero en su justo peso; y lo hemos vuelto a traer con nosotros. Hemos también traído en nuestras manos otro dinero para comprar alimentos; nosotros no sabemos quien haya puesto nuestro dinero en nuestros costales. Él les respondió: Paz a vosotros, no temáis; vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os dio el tesoro en vuestros costales; yo recibí vuestro dinero. Y sacó a Simeón a ellos. Y llevó aquel varón a los hombres a casa de José; y les dio agua, y lavaron sus pies, y dio de comer a sus asnos. Y ellos prepararon el presente entretanto que venía José a mediodía, porque habían oído que allí habían de comer pan" (Génesis 43:19-25).

Nos encontramos ahora con unos hermanos muy desconfiados de los hechos y de la generosidad de las invitaciones de José. Él les invitó a casa y tuvieron temor, "decían: Por el dinero que fue devuelto en nuestros costales la primera vez nos han traído aquí, para tendernos lazo, y atacarnos, y tomarnos por siervos a nosotros, y a nuestros asnos" (Génesis 43:18). Me recuerdan a muchas personas frente a la gracia de Dios, entre ellas a las personas que sufren una discapacidad.

LA MEJOR FORMA DE AYUDAR.
Las personas discapacitadas han sido tratadas por la sociedad sucesivamente como sujetos monstruosos o imperfectos que debían ser eliminados, luego dignos de lástima y protección y actualmente como personas, al menos en teoría, que merecen ser integrados en la sociedad y en todos sus esquemas de funcionamiento. Ellos hoy se organizan y luchan por una postura igualitaria en la sociedad. El discapacitado no podía ser sacerdote ni ejercer en el judaísmo ninguna función religiosa (Levítico 21:18). Cristo puso al ciego, al sordo, al discapacitado motriz en posición de ser personas amadas por Dios y cumplir una función en la Iglesia. El ciego del Evangelio comenzó a anunciar el amor de Dios y lo que el Salvador había hecho por él (San Juan 9:24-34).

Quien es ayudado, muchas veces lo recibe con desconfianza ¿por qué? Porque no siempre ha sido ayudado en la forma correcta. Dar una limosna en la puerta de un templo no es la mejor forma de ayudar a un discapacitado sino, como lo hicieron Pedro y Juan en la Hermosa, entregarle lo que poseemos, el tesoro que llevamos dentro, el Evangelio de Jesucristo. "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda"(Hechos 3:1-10).

Los discapacitados no gustan de acercarse mucho a las personas que pretenden ayudarles o bien se acercan de una manera inapropiada, con agresividad o con la actitud del que pide una limosna. Ellos no quieren ser más humillados sino respetados por lo que son y valen. La desconfianza pervive en muchas personas discapacitadas porque durante siglos se les ha tratado como inferiores, no se les ha integrado, han servido como justificación a las conciencias sucias y han sido utilizados para satisfacer intereses personales. Muchos intentan limpiar sus conciencias "ayudando" a un discapacitado. Eso no es amor genuino, no es misericordia sino sólo una utilización del dolor. Otros comercian con el sufrimiento y, lo que es peor de todo, pretenden engañar a Dios. Los discapacitados son antes que nada personas, merecen nuestro respeto y tienen un lugar que ocupar en la Iglesia y la sociedad. Démosles el lugar que les corresponde.

El mesón nos indica la correcta forma de recibir el don de Dios. Los hermanos de José tenían miedo de lo que estaban recibiendo gratuitamente. ¿Cuántas personas no tendrán miedo de una salvación gratuita que deje fuera la propia iniciativa? El otro día alguien me decía es imposible, Dios no puede regalar la salvación, eso es una ridiculez, la salvación hay que ganársela, eso es muy fácil. Pero Dios no da lugar para el orgullo humano en su plan. Él sólo admite la fe como entrada a esa salvación, pero una fe que no es humana sino que viene a través del oír. Nada más pasivo que el escuchar y Dios ha provisto esta manera para que accione la fe en nosotros. La Palabra de Dios dice "Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios" (Romanos 10:17). Para el ser humano es más fácil esforzarse por conseguir algo que quebrantar su orgullo y acceder humildemente al regalo de Dios.

Los hermanos de José se portaron en forma honesta y quisieron devolver lo que no les pertenecía. Muchos piensan que la salvación no les pertenece porque no se la merecen Esto es verdad, el ser humano no se merece la salvación porque ha actuado contra los mandamientos de Dios. Pero Él nos ha regalado la salvación aunque no la merezcamos. No necesitamos hacernos merecedores de esa salvación. Dios nos la ha regalado porque nos ama. ¿Se ha preguntado usted alguna vez me merezco esta salvación? No, la salvación no se merece. Dios nos va a dar entrada en el cielo no porque nos hayamos portado bien o mal; sencillamente porque hemos creído a su mensaje. La tendencia humana es pensar que los que se han conducido bien recibirán el cielo y los que se han conducido mal el infierno. Esto es una ley de pórtate bien y tendrás premio, pórtate mal y tendrás castigo una ley de premio y castigo. No es así. La entrada al reino de Dios es la fe, Cree que Jesús te da la salvación y serás salvo. Pero el resto de tu vida, entrega tu vida al Señor, obedece a sus mandamientos y permite que el Espíritu Santo te transforme.

El mesón nos indica la necesidad de dar paz a los discapacitados. Paz a vosotros les dijo el mayordomo de la casa de José. Iguales palabras pronunció Jesús a sus discípulos cuando se les apareció resucitado. Paz significa tener ninguna culpabilidad, una conciencia limpia y en paz frente a Dios. Debe haber una relación de paz entre tu conciencia y Dios. Una conciencia en paz es fruto de la correcta relación con Dios. Paz a vosotros nos dice el Señor. El nos ha regalado la salvación y nos ha perdonado. Sintámonos en paz. Dice la versión popular DHH: "Así pues, libres ya de culpa gracias a la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Romanos 5:1). Paz en la conciencia. Pero ¿cuántos han conquistado realmente la Paz? ¿Acaso no hay muchas personas que aún no tienen la Paz verdadera? Muchos discapacitados no tienen paz en sus corazones porque sienten que la vida les ha jugado una mala pasada. Requieren de una urgente evangelización. Ellos necesitan reconciliarse con sus padres y consigo mismos, con la sociedad y, en primer lugar, con Dios. Nuestra tendencia como seres humanos, cuando vivimos una mala experiencia, es buscar culpables. Tendemos a buscar al culpable, al chivo expiatorio, culpamos de nuestras desgracias a los que nos rodean, a nosotros mismos, a la vida y a Dios. Es fundamental y prioritario "ponerse en la buena con Dios", reconciliarse con Él, nunca más buscar culpables de nuestras desventuras.

El Señor Jesucristo les dice "Paz a vosotros, no temáis; vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os dio el tesoro en vuestros costales", este ha sido un regalo de Dios para ustedes, no se sientan temerosos ni culpables. Donde hay amor no hay temor. El amor echa fuera el miedo. Señor: los discapacitados no deben sentirse culpables sino muy acompañados por Ti. Los hermanos de José eran como los discapacitados, su culpa los hacia incapaces de recibir el amor de su hermano. ¿Cuántos de nosotros no aceptamos el don de Dios porque en el fondo llevamos una culpa o creemos tener una culpa?

El mesón nos indica como cuidar el don de Dios. Después de recibido el regalo hay que cuidarlo, esto es apreciarlo, observarlo, conocerlo, actuar conforme a lo que hemos recibido. Imagine usted que le han regalado una hermosa joya, ¿la guardaría en una caja fuerte y jamás la llevaría? No, ciertamente usted la usaría, la cuidaría y la exhibiría. Veamos otro ejemplo Le han regalado un auto 0 kilómetros, un carro de muy buena marca, que alcanza grandes velocidades, y además es muy bello. Usted lo dejaría en su garaje y jamás pasearía en él ¿Acaso no compartiría con sus seres queridos el vehículo y hasta con satisfacción lo mostraría a sus vecinos? Eso es lo normal. Lo normal es que, si he recibido el regalo del perdón y la salvación eterna, quiera compartir esa experiencia con otros, desee que otros la tengan y que actúe como un buen cristiano conforme al regalo que he recibido.

Los hijos de Jacob, prepararon un presente ¿Cuál es nuestro presente para el Señor? La alabanza, la eterna gratitud, el ayuno, la oración, una vida correcta, procurar cumplir su mandamiento de amor. No es que vayamos a ganarnos la salvación por habernos portado bien sino que agradecemos con una vida cambiada lo que él ha hecho No podemos comprar la salvación ni tampoco al Dios de nuestra Salvación pero si podemos brindarnos a Él como un presente de gratitud. Las oraciones de los cristianos se muestran en Apocalipsis 8:1-5 como un perfume delante de su trono.

DAR, RECIBIR Y CUIDAR EL DON DE DIOS.
Podemos concluir que la desconfianza de los discapacitados nace de una incorrecta forma de ayuda de parte de los llamados "normales". Hay un miedo a recibir ayuda y entre estos miedos está el temor al regalo de la salvación; la desconfianza y el natural orgullo humano obstaculizan el proceso de conversión. Es preciso saltar esta barrera llamando su atención sobre el relato evangélico de la relación de Jesucristo con las personas discapacitadas y la alegría de la salvación gratuita, el don de Dios que les traerá paz a sus conciencias. En forma espontanea surge nuestro presente al Señor, que es la gratitud, la alabanza y la entrega absoluta a Él.

Del análisis de los textos de este capítulo de Génesis, podemos concluir que el Mesón es un lugar de conversión donde aprendemos la correcta forma de recibir el don de Dios, la necesidad de dar paz a los discapacitados y como cuidar el don de la salvación. En el Mesón los discapacitados aprenden a confiar en Dios y en el hermano que desea ayudarles. Los samaritanos, por su parte, aprenden la correcta manera de ejercer misericordia. Finalmente los discapacitados pueden transformarse también en buenos samaritanos de su prójimo.

En el Mesón se aprende el Amor de Dios y las claves del espíritu de servicio: altruismo, bondad, compasión, disposición, esmero, fidelidad y generosidad. Mas, para llegar a tal desarrollo, es preciso vivir un entrenamiento que promueva esos aprendizajes, estableciendo primeramente al cristiano sobre el fundamento de la vida espiritual (fe, paz, amor y esperanza) y adquiriendo las herramientas básicas del cristiano (oración, ayuno, alabanza y meditación de su Palabra).

PARA TRABAJAR EN EL MESÓN.
1) Sabemos que somos inmerecedores del amor de Dios, pero que Él, a pesar de eso, nos ha regalado el más precioso de los tesoros: la salvación en Cristo Jesús y todos sus efectos. ¿Ha sentido usted alguna vez la imposibilidad de aceptar o recibir algo de su gracia? Coméntelo con otros hermanos o samaritanos.
2) Cuente cual ha sido su experiencia al ayudar a personas con discapacidad.
3) Abra un archivo que reuna información de periódicos y revistas, sobre los discapacitados y sus luchas.
4) ¿Le agradaría a usted colaborar para que las personas discapacitadas recibieran el don de Dios, alcanzaran la paz y aprendieran a cuidar su salvación?

sábado, 10 de marzo de 2007

LA PRIMERA LECCIÓN DEL MESÓN.



Capítulo III de "Movidos a Misericordia"
© Pastor Iván Tapia

"Y ellos pusieron su trigo sobre sus asnos,
y se fueron de allí.
Pero abriendo uno de ellos su saco
para dar de comer a su asno en el mesón,
vio su dinero que estaba en la boca de su costal."
Génesis 42:26,27.



Estamos aquí frente a una de las más hermosas narraciones de la Biblia. La historia de José es una historia de amor filial y de absoluta confianza en la providencia de Dios. Al leerla somos impactados por la actitud mezquina y envidiosa de sus hermanos, que lo venden a unos mercaderes y nos emocionamos con la generosidad y los gestos de perdón de José, al recuperarlos. Ha logrado este personaje tal sabiduría que les exhorta "no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros" (Génesis 45:5). Es admirable la visión que ha alcanzado del plan de Dios; él está por encima de las circunstancias y ve la voluntad del Señor de la Historia por sobre los detalles tristes o desagradables de la existencia humana. "Así, pues - les dice -, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador de toda la tierra de Egipto".


Cuando lo vendieron sus hermanos, comenzaron las peripecias de este hijo de Jacob. Todos sus sufrimientos como esclavo, exiliado de la patria, tentado por la esposa de su amo Potifar, la cárcel injusta, más su natural inteligencia, su capacidad de interpretar sueños, habilidad administrativa y corazón honesto, que jamás abandonó la fe de sus padres, le forjaron como un hombre confiable, merecedor del cargo de mayordomo y luego de primer ministro en el palacio de Faraón.


Para lograr tal confianza del gobernante y, por tanto, de Dios, tuvo que ser ante todo obediente y fiel en encargos menores, que él cumplió con esmero. Una correcta relación con nuestro Creador nos conduce a valorar cada talento, don y responsabilidad recibida en esta vida, por pequeña que sea. Jesús le dice al mayordomo: "Muy bien, eres un empleado bueno y fiel; ya que fuiste fiel en lo poco, te pondré a cargo de mucho más" (San Mateo 25:21, Biblia Dios Habla Hoy). Muchos cristianos ubican fuera del ámbito de la fe la puntualidad, el cumplimiento de encargos, la palabra empeñada, la responsabilidad en el trabajo y toda cosa práctica que tenga relación con la vida diaria, como si todo aquello no tuviera importancia para el Señor y al cual sólo le importase la piedad y la evangelización. Pues, la vida de José nos enseña, entre otras cosas, cuan importante ha sido en la historia de la fe, historia que aún no ha concluido, el fiel cumplimiento de los pequeños encargos de Dios, los cuales, la mayoría de las veces, son recibidos por medio de hombres y no de voces angélicas ni revelaciones sobrenaturales.


SIMILITUDES DE JOSÉ CON JESÚS.
El capítulo 42 del Génesis narra el encuentro de José con su familia, en tiempos de hambruna en Canaán. Jacob, teniendo noticia que Egipto disponía de los alimentos que su familia necesitaba, dijo a sus hijos que descendieran allá y compraran o, de lo contrario, morirían de hambre. Venían al país del Nilo compradores de distintos lugares a comprar el trigo que diligentemente había ordenado almacenar el ministro José. Este capítulo nos enseña el arrepentimiento de los hermanos de José y el perdón y la generosidad de éste. En cierto modo, José es un tipo de Jesucristo en el Antiguo Testamento. Tal como José perdonó y devolvió el dinero a sus hermanos y les dio alimentos gratuitamente, Jesucristo lo hace con los cristianos, sus hermanos menores.


Jesús nos perdona así como lo hizo José con sus hermanos. El amor que José sentía por sus hermanos era fruto de su fidelidad a Dios. Él había sido capaz de perdonarles al llegar a comprender sus motivaciones y la debilidad de sus corazones. Como nuestro Padre Celestial, ejerció gracia sobre sus hermanos. Nuestro Hermano mayor, Jesucristo (Romanos 8:29), también perdonó todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros, ya que su sangre nos limpia de todo pecado (1 San Juan 1:7) y nos regaló la salvación eterna.


Jesús nos regala la salvación tal como José no aceptó pago por el trigo. Notemos que José devolvió el dinero pagado por sus hermanos por la compra del trigo; no aceptó un pago o sacrificio de ellos. Tampoco Cristo acepta pago alguno del ser humano, por su salvación, puesto que ésta es un regalo de Dios, una dádiva generosa de su Amor. Ninguna obra humana puede comprar la salvación pues nuestras obras siempre encierran, en alguna medida, algo de nuestra debilidad, producto de una naturaleza caída. Es imposible agradarle fuera de la fe en Cristo, don que proviene de Él. Las obras son nada más que un resultado de la obra de Cristo en la cruz del Calvario. Sí devolvió Jesús algo a sus hermanos: nos restauró a la imagen original como hombres y mujeres nuevos.


Cristo nos alimenta como José alimentó a sus hermanos. Como en la historia de Israel, en la vida cristiana se suele vivir tiempos de hambre, plagas y necesidad. En esos casos los cristianos nos movilizamos y solidarizamos los unos con los otros. Esto puede ser tanto a nivel material como en caso de hambre, sed, soledad o frío espiritual. Por último, tal como José les dio "comida para el camino" (Génesis 42:25), nuestro Maestro nos ha dado su Palabra para tomar nuestra porción diaria.

EL REGALO DEL HERMANO MAYOR.
La palabra y el concepto de mesón es una señal en la Biblia. Recién en el mesón los hermanos de José se percataron que el dinero les había sido devuelto y no lo comprendieron. Esta es la primera vez que aparece la palabra "mesón" en la Biblia. El texto dice: "Pero abriendo uno de ellos su saco para dar de comer a su asno en el mesón, vio su dinero que estaba en la boca de su costal." (Génesis 42:26,27). Cuando el hermano de José abrió su costal, encontró la devolución del dinero pagado por el trigo. En ese instante quedó demostrado el amor de José por sus hermanos. Este hecho podría haber acaecido en el desierto bajo una palmera, en un campo sembrado o frente al palacio; mas sucedió en el mesón, el lugar de descanso de los peregrinos, el lugar de acogida para el que está cansado y con hambre, una instancia donde el ser humano se relaja y tiene un encuentro con su interioridad, un lugar de intimidad donde, en el mejor de los casos, se encuentra con Dios en la oración.


La palabra "mesón" no está ociosamente ubicada en este lugar sino que es una antorcha que ilumina el significado de aquellos acontecimientos que relata. Como en una pintura el paisaje de fondo revela el carácter del personaje retratado o en un film la tormenta sirve de marco psicológico para la acción representada; aquí el mesón subraya el sentido profundo del hecho: "vio su dinero que estaba en la boca de su costal". Para ellos es incomprensible el hallazgo y más bien desconfían y temen. Para nosotros es una demostración del perdón, amor y generosidad de José.


El mesón señala la gratuidad del don de Dios, más tres aspectos que le son afines: el arrepentimiento necesario para aquilatarlo y recibirlo; el perdón absoluto de Dios y su enorme generosidad. Este mesón señala la Gracia de Dios al ejercer su juicio sobre su Hijo Jesucristo y perdonarnos nuestro pecado. Dios en forma totalmente gratuita nos regala la salvación. ¿Qué exigió José de sus hermanos? Nada. Todo lo contrario, jugó un poco con ellos, quiso que sintieran un poco el dolor que él había experimentado para que el arrepentimiento hiciera su obra en ellos. Esta gratuidad se expresa de tres formas: el perdón, el arrepentimiento y la generosidad.
El mesón señala el perdón de Dios, su Amor que cubre multitud de pecados y es más fuerte que el juicio.


El mesón señala el arrepentimiento. José fue generoso con sus hermanos, pero era preciso que ellos recapacitaran sobre tan vil acto cometido y se arrepintieran genuinamente de su pecado. Era necesario que en alguna medida experimentaran lo que él había sufrido injustamente. La actitud de los diez hermanos de José fue de sumisión y arrepentimiento; inclinaron sus rostros ante la autoridad de José, sin aún reconocerle como su hermano, se humillaron, le trataron de señor y se identificaron como siervos. Tuvieron un auténtico cambio de actitud.


El mesón señala la generosidad de Dios. José estaba tan emocionado con este reencuentro con sus seres amados, que se apartaba y lloraba. Su corazón era lleno de amor, misericordia, perdón y generosidad para sus hermanos. Recordó sus sueños de juventud referente a ellos: "los manojos que se inclinaban ante su manojo"(Génesis 37:5-10) o aquel en que "he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí" y la rabia de sus hermanos: "¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?/ Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba en esto". José les reconoció de inmediato pero calló y ordenó devolverles su dinero, que llenaran sus sacos de trigo con su dinero y le diesen comida para el camino.

UN MESÓN PARA LOS DISCAPACITADOS.
Del análisis de los textos de este capítulo de Génesis, podemos concluir que un Mesón es un lugar de encuentro con Dios; una instancia de perdón, arrepentimiento y generosidad. En el mesón las personas discapacitadas encuentran, junto a los samaritanos, la gracia y no el juicio de Dios. En el mesón, los discapacitados no sólo conocen el Amor perdonador del Señor, sino que también deben aprender las claves del arrepentimiento. Allí experimentan el cambio de una actitud rebelde a una verdadera sumisión al Señor, sujeción al Cuerpo De Cristo, un traslado de Reino y el paso de una existencia egocéntrica a una vida en que Cristo es el centro. Y sobre todo, en el mesón descubren una instancia de generosidad cristiana, la misericordia de Dios.

PARA TRABAJAR EN EL MESÓN.
1) ¿Ha vivido alguna vez la experiencia de perdonar a un ser querido por una falta grave contra usted? ¿Cómo fue esa experiencia y cuáles fueron sus sentimientos al respecto?
2) ¿Por qué cree usted que es importante para el cristiano, el cumplimiento de los pequeños encargos? ¿Qué repercusión pueden tener en el desarrollo espiritual? (Lea San Mateo 25:21).
3) Haga un esquema comparativo entre la personalidad de José y la personalidad de Jesús.
4) José no aceptó a sus hermanos pago por el trigo. Analice esta idea pensando en el trabajo que desarrolla un samaritano (voluntario cristiano) por las personas en necesidad. Dad de gracia lo que por gracia recibisteis.
5) ¿Qué subraya la palabra "mesón" en el texto estudiado (Génesis 42:26,27)?
6) Ore por todos los hermanos de su iglesia, que sufren alguna discapacidad sensorial, física o psíquica.

viernes, 12 de enero de 2007

SECRETOS DE UNA PALABRA





Capítulo II de "Movidos a Misericordia"
© Pastor Iván Tapia

"Lámpara es a mis pies tu palabra,
Y lumbrera en mi camino"
Salmo 119:105


Cuando Jesucristo crea y narra la Parábola del Buen Samaritano, lo hace tomando elementos usuales para los peregrinos de su época que, ya sea por causa de trabajo, razones familiares o religiosas, debían trasladarse a otra ciudad a través de lugares desiertos o a lo menos deshabitados y peligrosos. Tal es el caso de este hombre que "descendía de Jerusalén a Jericó" (San Lucas 10:30). En ese intervalo los viajeros eran sorprendidos por la noche y requerían de un lugar que les sirviese de alojamiento y descanso, donde encontrasen alimento para ellos y sus animales. En estos casos el mesón era tan imprescindible para los caminantes, como lo es hoy para un turista un hotel, motel u hostal junto a la carretera.


Nada es capricho en la Palabra de Dios, revelación inspirada de su eterna voluntad e infinita sabiduría. El detalle del mesón no está dado al azar por Jesús ni es solamente una pieza circunstancial de este relato. Está puesto allí porque algo quiere transmitirnos. Al darnos el Maestro el ejemplo del buen samaritano, con todos los detalles que esta fábula implica, aporta unas claves que podrán ser desentrañadas, con el devenir de los siglos, por inspiración del mismo Espíritu que las creó.


Por eso su Revelación parece siempre nueva. No es que añadamos al sagrado texto nuestras propias interpretaciones o que mañosamente la manipulemos a nuestro antojo, sino que en ella hay tal riqueza - pozo insondable de conocimientos, mina inagotable de verdades- que pareciera un manantial de agua siempre fresca. No es nuestra misión crear nuevas teologías sino traer a la luz mensajes que la mano divina ha depositado en su Palabra como otra señal de su infinita ciencia. Y la presencia del mesón en esta magistral parábola tiene mucho que decirnos.


Discrepo, en la interpretación de sus parábolas, con aquello de no intentar ver el significado de cada detalle y sólo preguntarse ¿Qué idea principal me quiere comunicar esta parábola? Es verdad que toda parábola tiene un centro de atención y que cada detalle gira en torno a ese mensaje central. Pero también son importantes los detalles, sobre todo si se trata de un ejemplo entregado por el Maestro de maestros. Sólo es preciso interpretarlos a la luz del mensaje global de la Biblia y jamás perder de vista las doctrinas teológicas fundamentales que nos sustentan.


Por ejemplo, estaríamos muy descaminados si, a partir de la Parábola del Buen Samaritano concluyésemos que nuestra salvación se basa en las buenas obras, no importando la sana doctrina de la justificación por la fe en Cristo. Nunca fue el propósito de Jesucristo, en esta enseñanza, señalarnos que los seres humanos se salvarán por su comportamiento, no importando la doctrina, sino más bien amonestarnos a ser mejores que los paganos, actuando en amor con el que sufre. Es una vergüenza para la Iglesia que personas que ostentan unas creencias falsas o distorsionadas de la verdadera fe cristiana, actúen con más amor y compromiso que quienes aseguramos llevar el Espíritu de Amor en nuestros corazones. El ejemplo del samaritano estaba destinado a avergonzar a los judíos y provocar en ellos el arrepentimiento, un profundo dolor por no hacer lo que Dios pide y, por tanto, cambiar de actitud para con su prójimo; "Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos" (Oseas 6:6).

NIVELES DE INTERPRETACIÓN.
Los detalles, decíamos, son importantes. Tómese por ejemplo otra historia de Jesús, la Parábola del Siervo que no Perdonó (San Mateo 18:23-35). Cuenta esta historia que un rey quiso hacer cuentas con sus siervos o criados y los llamó para ponerse al día. Comenzado este balance, le fue presentado un deudor, al cual ordenó pagar su deuda a costa de la venta de todos sus bienes, incluyendo mujer e hijos. El servidor suplicó piedad con tal congoja que el señor fue movido a misericordia y le condonó su cuenta. Mas el siervo no actuó así con el compañero que le debía, a pesar de que le pedía paciencia, y lo echó a la cárcel. Acusado por sus consiervos, debido a este acto de poca humanidad, el rey le castigó.


No podemos conformarnos con colegir de este texto exclusivamente que nuestro deber es perdonar toda deuda, sea esta material o de otra índole, como lo hizo aquel amo con su sirviente. Esta sería la primera conclusión, por cierto muy importante, y que corresponde a una interpretación directa, por llamarla de forma sencilla.


Es evidente que cada personaje y cada detalle del relato, nos entrega a un nivel hermenéutico un poco más profundo, la historia de la salvación humana. En la parábola hay un rey, como nuestro soberano Señor, que nos pide en determinado momento de la vida cuenta de nuestros actos. En el monte de Sinaí, Moisés recibió el Decálogo, que son los diez principios morales de conducta que rigen a nuestra civilización judeocristiana y a todo ser humano con conciencia. Ante esa Ley todos nos encontramos culpables, merecemos el juicio, la condena y el castigo; pero ante nuestro desesperado arrepentimiento, Dios es movido a misericordia. Señal de ese gran amor por los seres humanos, es la cruz del Calvario. Él nos ha perdonado de todas nuestras maldades. Sin embargo, a pesar de haber recibido ese amoroso perdón, muchas veces nosotros no somos capaces de perdonar al hermano que nos ofende. ¿Quiénes somos nosotros para negar el perdón?


Esta segunda lectura juega con los elementos como símbolos de otra realidad, requiere de una mayor clarividencia del lector pues éste debe ser capaz de establecer un paralelo entre los elementos concretos y hechos ficticios de la parábola (señor, siervo, balance, deudas, perdón) con los elementos concretos y abstractos de la historia de la salvación. Luego podrá llevarlo a nivel personal y evaluar qué tanto está perdonando, esto es aplicando la enseñanza de la parábola.


Llama la atención la expresión "movido a misericordia", idéntica a la utilizada en la Parábola del Buen Samaritano. De allí, de esa relación entre dos textos, surge un nuevo nivel de interpretación. Y así podríamos continuar. La palabra de Dios es más profunda y con más niveles de lectura, que la mejor obra de literatura universal. Pero, para su correcta interpretación, el lector requiere de la asistencia del Espíritu Santo que la inspiró.


Esta parábola es la respuesta a una pregunta concreta planteada por uno de los discípulos de Jesús. Pedro preguntó al Maestro "¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?" Y la respuesta de Jesús fue muy clara: "No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete" (San Mateo 18:21-22). Esto es una infinita cantidad de perdón para el que nos hostiga, daña, molesta, perjudica o hace cualquier tipo de mal. La enseñanza no es antojadiza, obedece a un plan del Maestro y a las necesidades de los alumnos. El Señor prefirió contar un cuento que encerrara todos los principios que involucra el perdón, utilizando imágenes potentes que impactaran la imaginación y la memoria de los oyentes e interpelaran a sus conciencias; una enseñanza metafórica o simbólica que permitiera muchos niveles de lectura a través de las edades, de acuerdo a la cultura, psicología, formación, sensibilidad y experiencias de lectores y oyentes. También nos dejó a los predicadores una tarea no menos sencilla, cual es la de transmitir, de acuerdo al lenguaje e intereses de la época, el verdadero mensaje fundamental de su enseñanza. Los ministros tienen el deber de estudiar diariamente, con oración y acopio de información sobre el contexto cultural, histórico, geográfico como lingüístico; la Palabra de Dios, para alimentar a su pueblo y evangelizar al mundo.


Una buena interpretación del mensaje divino conduce inevitablemente a un cambio de actitud de los oyentes. La prédica no es sólo una exposición de verdades teológicas sino que también contiene el consejo del Espíritu Santo y las medidas prácticas o el modus operandi para hacer concreta en la vida de cada cristiano esa enseñanza. Así, en el caso de la Parábola Del Siervo Que No Perdonó, el maestro podrá argumentar sobre la falsedad de algunos dichos populares que dan una incorrecta apreciación del perdón y luego entregar un listado de sugerencias con clave nemotécnica para desarrollar la capacidad de perdonar.

UNA EXPLORACIÓN BÍBLICA
Al revisar las Sagradas Escrituras en búsqueda de la palabra mesón y sus sinónimos o lo que pudiese cumplir una función similar, encontramos escasas pero significativas referencias a este lugar de descanso de los peregrinos del desierto. Estos pasajes, en que de alguna manera se hace referencia al sitio de descanso, son, a nuestro juicio, señales que el Espíritu Santo dejó en su Palabra como desperdigados mojones para señalarnos una ruta que conduce inevitablemente al evangelio de la Parábola del Buen Samaritano. Culmina este sendero en la enseñanza de Cristo. A través de esos textos, a nuestro juicio, Dios quiso señalarnos importantes principios sobre la Iglesia como una comunidad de servicio y las necesidades de los cansados y afligidos peregrinos de este mundo, esto es la iglesia como mesón.


Antes de continuar con nuestra exploración bíblica en torno al término, echemos una mirada a la definición que nos entrega el Diccionario Bíblico acerca del mesón: "Posada o alojamiento, en algunos casos eran simplemente parajes en donde las caravanas acostumbraban detenerse por la noche, situados a distancias convenientes para hacer una jornada completa entre dos de ellos. Preferíanse para este objeto sitios que tuvieran agua en sus inmediaciones, pero no siempre tenían edificios. En esos parajes se construían algunas veces khans u hosterías. Estas eran, y son todavía, grandes edificios con cuartos para los viajeros, y establos para las bestias, alrededor de un patio descubierto, en el cual se ponía una fuente si ello era posible; pero los caminantes debían llevar consigo sus provisiones. En uno de esos establos fue quizá donde nació nuestro Salvador, si ya no fue en la cueva tradicional. En Lucas 10:34 se hace mención de otra clase de mesón, a cargo de un mesonero a quien probablemente se le pagaba por los servicios que prestara a los viandantes, así como por las provisiones y pastos que les proporcionara para sí y para sus animales."


El mesón es un lugar para pasar la noche, para descansar; un lugar de protección; para alimentarse y alimentar a los animales; para reponerse del cansancio y, en ocasiones, un lugar de sanación.


Ahora sí sigamos la pista que nos entregan estos pasajes y escudriñemos el mensaje que esconde para los cristianos de hoy y para todo samaritano.

PARA REFLEXIONAR EN EL MESÓN.
1) Piense en los trayectos rurales y urbanos que hacen los actuales peregrinos o los trabajadores de regreso a sus hogares. ¿Se ha visto usted alguna vez en peligro de ser asaltado? Cuente su experiencia.
2) Observe en un mapa bíblico la distancia entre Jerusalén y Jericó.
3) ¿Qué le dice a usted en forma muy personal la Parábola del Buen Samaritano?
4) ¿Es su casa un mesón para peregrinos agobiados? ¿Es su iglesia un mesón?
5) Haga una interpretación de los siguientes símbolos en la Parábola del Siervo que no Perdonó: señor, siervo, balance, deudas y perdón.

sábado, 16 de diciembre de 2006

¿DÓNDE ESTÁ EL PRÓJIMO?



Capítulo I de "Movidos a Misericordia"
© Pastor Iván Tapia

"...amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Yo Jehová"
Levítico 19:18



He trabajado durante más de veinte años con personas ciegas. Se de sus sufrimientos, sus anhelos y frustraciones. He aprendido a "ver" el mundo desde su perspectiva, casi sentir en carne propia la condición de rechazo y discapacidad a la que se enfrentan. Mucho o poco ha hecho la sociedad por ellos, particularmente los educadores y rehabilitadores, mas aún no se ha alcanzado la tan acariciada meta: integrarse plenamente en la vida laboral y ser aceptados como individuos capaces de valerse por sí mismos, no merecedores de lástima sino de comprensión por parte de los videntes.


Esta situación de menosprecio o subvaloración como personas no es privativo de los ciegos, sino que de la mayoría de los discapacitados y quienes en alguna medida son diferentes al común de la gente. Tanto nos cuesta aceptar al otro, al que piensa distinto, al que camina de otra manera, al que le falta un miembro de su cuerpo, al que no siente como nosotros. Nos decimos una "cultura cristiana", sin embargo al relacionarnos con aquellos que presentan alguna diferencia de raza, color, cultura, etc., somos intolerantes e incapaces de aplicar aquello de que "el amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta". ¿Es acaso esta una palabra para los discapacitados? A ellos le exigimos que tengan paciencia, tolerancia y amor hacia Dios y los hombres, mientras nosotros seguimos siendo intolerantes, despreciativos, indiferentes, o bien nos damos el lujo de una caridad mensual o anual para alivianar nuestra conciencia cristiana.


Pareciera que hemos olvidado aquella igualdad que tenemos los hombres y mujeres frente a Dios, como iguales somos los cristianos entre nosotros y frente a nuestro Salvador y Señor; concepto que tan claramente expone San Pablo en Gálatas 3:28, cuando asevera que "ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús". Podríamos agregar -sin ánimo de adulterar la Palabra de Dios- ya no hay ciego ni vidente, inválido ni normal, deficiente mental ni inteligente; porque todos somos iguales, con los mismos derechos y deberes a la vida en Dios.

LAS RAZONES DE DIOS
En mi experiencia profesional y ministerial he palpado que la solución para la discapacidad está más allá de las técnicas y métodos que se utilicen. En verdad hay una voluntad de Dios expresada en la misma existencia de la discapacidad, la cual se aprecia muy claramente en aquel pasaje en que San Juan nos relata: "Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo." (San Juan 9:1-5)


La natural inclinación del ser humano, por su naturaleza legalista y porque siempre queremos darle una explicación a todas las cosas, en especial a los sufrimientos; es buscar culpables y señalar culpabilidades. Algún grave pecado contra la Ley de Dios debe haber cometido este hombre o sus padres, que hoy se encuentra ciego o sordo o con SIDA. Buscamos maliciosamente, escarbamos en la herida, muchas veces nos acercamos curiosos al que sufre, más que para ayudarle, para conocer su maldad. Sin embargo el Maestro nos dice misericordioso: por ninguna de estas razones, sencillamente Dios lo permitió para que ahora se manifieste su gran Amor.


Tal como Jesús, nosotros los cristianos estamos aquí entre los que sufren cegueras y sorderas de todo tipo, no para culparles sino para sanarles. Una sanidad que comienza por el anuncio del Evangelio y termina con la completa restauración espiritual de la persona. Si aquel hombre o aquella mujer recuperan su vista o se incorporan de su silla de ruedas, es asunto de Dios; mas sí abrirán sus ojos a la Luz y podrán cruzar la Puerta y movilizarse en el Camino que es Jesucristo, Verdad y Vida.


Él dijo "Yo soy la luz del mundo", pero también señaló "Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder." Es misión de todo cristiano iluminar su entorno con obras de amor, nacidas de un corazón regenerado por el Espíritu Santo. Recordemos lo que San Pablo asegura en Efesios 2:10 "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas".


Jesús decía que cumpliría su misión diligentemente mientras durase el día, su momento. Asimismo para nosotros hay una oportunidad de servir al que sufre, hay un tiempo de anunciar el Reino de Luz de Jesucristo, hay una corta vida en la cual debemos cumplir nuestro trabajo de sanidad espiritual, hemos sido puestos en un lugar y en una época para extender nuestra mano y nuestro corazón al necesitado. Luego vendrá la noche, ya sea para cada uno el tiempo de dormir en el Señor o cuando sobrevenga sobre este mundo aquella noche espiritual que será el tiempo de tribulación, cuando la Palabra de Dios sea pisoteada o quitada de esta sociedad. Hoy es tiempo de servir.

EL ESPEJO DE LA LEY
San Lucas en uno de los evangelios más humanitarios, quizás porque su autor es de profesión médico, quizás por su cercanía al gran apóstol Pablo; en el capítulo 10, versículos 25 al 42, relata la parábola del buen samaritano. Comienza diciendo: "Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? El le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; has esto, y vivirás."


La intencionalidad del legalista intérprete es probar cuan apegado a la escritura es Jesús. Su pregunta no es para saciar un hambre de conocimiento espiritual, sino para pesar a este maestro que es seguido de tanto pueblo. Jesús, conocedor del alma humana, le responde con la misma ley de Dios, que el judío dice defender. "¿Qué está escrito en la ley?" le pregunta. Casi irónicamente, como insinuando ignorancia en su interlocutor, le insiste "¿Cómo lees?" La respuesta es simple y profunda. El intérprete de la ley la sabe, pues se encuentra en Deuteronomio 6:4,5 y Levítico 19:18: a) amor integral a Dios con todas las potencias de nuestro ser; b) amor al prójimo como si fueran extensión nuestra y c) amor a sí mismo, que no es egolatría sino una justa apreciación del ser que Dios nos ha regalado.


También conoce la promesa de vida que trae el cumplimiento de tal ordenanza (Deuteronomio 30:15,16), pero en su fuero interno sabe que el disfrute de ella sólo es posible por el absoluto cumplimiento de la triple norma de amor. Así es que nuestro buen judío se encuentra, como dice mi mujer "en un zapato chino": conoce la ley de Dios y anhela la promesa de vida eterna, mas sabe en su corazón que no puede gozarla sin cumplir a cabalidad con el amor. ¿Qué hacer? Jesús no le dice la solución, sólo lo enfrenta a su propia ley, a su incapacidad, a su culpa ante Dios, en un plan magistral que conduce a cualquier ser humano a una derrota total y a la entrega al Salvador. De lo contrario permanecerá en las normas y se esforzará toda una vida por agradar a Dios cumpliendo su ley, unas ordenanzas que la naturaleza humana no puede satisfacer por sí sola.

DIVINA IRONÍA
Continúa contando Lucas que el judío "queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo de lo pagaré cuando regrese."


En este cuento tan hermoso creado por Jesucristo, se refleja muy bien la falta de coherencia de muchos religiosos de todos los tiempos. Personas que, aún asumiendo investiduras de ministros, pasan indiferentes al dolor del mundo. Tanto el sacerdote como el levita conocían los mandamientos de Dios, la misericordia que se ha de tener hacia el que está en una situación crítica; pero por diversas razones no ayudaron al ser humano despojado, herido y medio muerto. ¿No estaría poniendo Jesús al maestro de la ley frente a un espejo? Muchas veces somos insensibles y argumentamos acerca de la pobreza y el dolor de otros, para evitar asumir nuestro rol cristiano.


Lo curioso es que otros asumen la más de las veces el papel que debiéramos tomar nosotros. El mundo incrédulo o aquellas iglesias que criticamos como paganas nos dan lecciones de verdadero amor cristiano. Es el mundo al revés. Y así sucede también en la parábola de nuestro Maestro: un sectario despreciado por los judíos, un samaritano impuro asumió el rol de ser "sacerdote" del que sufría botado en el camino. Él le ungió, le sanó, lo protegió en un mesón, lo cuidó y pagó todos sus gastos hasta que se hubo rehabilitado. Este samaritano, como tantos otros personajes de la buena literatura, ha pasado a ser tan real y un símbolo de humanidad y verdadero amor cristiano. ¡Qué ironía! Un pagano es símbolo de una actitud y proceder propio de los discípulos de Jesucristo. El buen samaritano es la encarnación del servicio, del buen proceder de los cristianos, de la buena obra. Uno que pasa por la vida de otro y luego, humildemente se retira. No hay vanidad ni ostentación en su servicio al prójimo.

BUENOS SAMARITANOS: VIRTUDES Y HERRAMIENTAS
Antes de continuar con esta historia, veamos algunas características que se dejan ver en el buen samaritano. Preciso es decir que Jesucristo es por excelencia el Buen Samaritano de la Humanidad. Él no sólo nos ha curado de toda herida y conducido al mesón celestial que es la Iglesia, sino que se ha puesto en nuestro lugar muriendo en la cruz del Calvario. Fue él quien fue despojado (repartieron sus vestidos), herido (con una lanza en su costado, crucificado horadaron sus manos y pies, coronado de espinas) y muerto, por nuestro pecado.


El buen samaritano es a) altruista, tiene misericordia hacia el que sufre y busca el bien de los demás, por sobre su propio bien; b) bondadoso, pone en acción esa misericordia; baja de su cabalgadura y actúa; no es teórico en su amor ni en su fe; c) compasivo, presenta un sentimiento respetuoso y vivencia el dolor del otro como suyo; d) dispuesto, deja lo suyo para ir en pos del necesitado, se posterga a sí mismo; e) esmerado en su servicio, responsable, sirve al otro como a Dios y g) generoso, da espiritual y materialmente al prójimo.


Además se vislumbran a través de esta alegoría, las herramientas que poseemos como samaritanos de la Humanidad: vendas, aceite, vino, cabalgadura, mesón, mesonero y denarios. Veamos los símbolos:


Vendas para cerrar heridas, apretar carnes y enderezar huesos: la Palabra de Dios que "es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón" (Hebreos 4:12); que "es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (2 Timoteo 3:16,17).


Aceite para suavizar las llagas: el Espíritu Santo Consolador expresado en nuestro amor misericordioso. "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios" (2 Corintios 1:3,4).


Vino para desinfectar y limpiar las heridas: la sangre de Jesucristo "en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia" (Efesios 1:7); "sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados" (San Mateo 26:28) y que "nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1:7b).


Cabalgadura para conducir al salvado hacia lugar seguro: el padre o tutor que conduce en el camino del discipulado al recién convertido, hasta llevarlo a su madurez espiritual, "Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del Evangelio" (1 Corintios 4:15).


Mesón donde cobijarlo, sanarlo y restaurarlo: la comunidad cristiana donde se desarrolla el cristiano en virtudes, dones, frutos y talentos. "Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hechos 2:41,42).


Mesonero que lo atienda: el ministro de Dios cuya función es el servicio para el crecimiento del Cuerpo de Cristo, pues "él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efesios 5:11-13) y "sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve" (San Lucas 22:26).


Denarios que sostengan esa obra: diezmos y ofrendas. "Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre" (2 Corintios 9:7).

VE, Y HAZ TÚ LO MISMO
Volviendo al texto de Lucas, en la parábola del buen samaritano, luego de hacer Jesús el relato, preguntó: "¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo".


Cuando actuamos misericordiosamente, como buenos samaritanos, estamos siendo prójimo en el sentido evangélico. Prójimo no es cualquier persona. Podemos ser próximos a otros, pero jamás acercarnos a ellos para ser sus prójimos. Hoy Cristo nos interpela a que seamos prójimos del que sufre, buenos samaritanos, como Él ha sido para cada ser humano el mejor Prójimo.


El que sufre está en las cárceles, hospitales, hogares de ancianos, orfanatos, sidarios, está en las calles, bajo los puentes, en las poblaciones marginales, los psiquiátricos, como en todo lugar de la ciudad. No es vana la obra social, pues es tarea de la Iglesia no sólo ayudar al hermano en problemas sino también a aquel incrédulo u oveja perdida de la casa de Israel. La comunidad cristiana en la administración de sus recursos humanos, materiales y técnicos no sólo debe fomentar programas de bienestar interno sino también capacitar y enviar samaritanos a aquellos lugares donde, como decimos en Chile, "las papas queman" (¿ha tomado usted una patata recién sacada de las brasas?). Hay que acudir allí donde el sufrimiento nos grita, como clamaba el ciego Bartimeo: "¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!", donde no es cómodo servir y hay que ensuciarse un poco con el pecado de ellos y de otros. Ahora más que nunca, Cristo requiere de buenos samaritanos que sean prójimo de un mundo sufriente. Recuerde: mucho dolor existe para que se manifieste la gloria de Dios. ¿Y cómo se habrá de manifestar si los hijos de Dios no acuden? Estamos muy ocupados en culpar y buscar culpables, pero recordemos que quienes están en el Reino de Tinieblas no sólo son culpables de pecado, sino que también son víctimas de ese oscuro gobierno de maldad. Vayamos en pos de aquellos y seamos su prójimo. Dios no necesita jueces, sino prójimos misericordiosos.